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sábado, mayo 30, 2026

Ya Verás, Hijo Mío



Para mi amado Alejandro





Ya verás que una sonrisa
a menudo esconde mucho dolor.
Ve, hijo mío, ve, ya verás la locura del hombre.
               Cirque Du Soleil













Excusa mi tardanza pero que no te sorprenda.
Tú sabes cómo me entretienen los oficios de la casa
              y sin darme yo cuenta
se acomodó la noche
en el silencio recio del vaivén de astros
que deambulan sobre la montaña negra.


Mi gesto no es triunfal y mi poema no piensa.


Acudo
               sin embargo
a un puñado de letras
para encender tu rostro
y no digo que no:


Yo levanto mis manos a la altura de las sienes
y con los ojos locos
me interrumpo un momento para romper el tiempo.


Porque hay noticias, hijo.
Hace tan sólo un mes para verlos crecer quise plantar pimientos
cultivar una huerta
hacer del destino una casa.


Quise andar la vereda para ejercer el amor
robarme uno a uno los fabulosos ojos
las sonrisas viscosas de los niños más tristes
que imaginé un domingo
estirando sus piernas
para idear conmigo un refugio en un libro en la hierba.


Intenté reencontrar algunas voces de Greene
personajes perdidos en el paisaje
en el cielo
y para poder amar como ellos
sin oponerme a Dios
reorganicé las estancias y dispuse la mesa.


Pero estaba fingiendo.


Todo brota en desorden de mí
desde entonces
el balcón sin persianas que reaviva los verdes
la luna más feroz
las nubes que retoca cada tanto el viento
la noche que nos aclara el miedo.


Todo brota de ti
desde entonces
tu quietud aquel árbol el sendero que tú y yo transitamos
saturados de agua de risa y de miedo
cuando aún no habías muerto y llovía, ¿recuerdas?
que me dejaste atrás con tu mirada osada
y te veías cansado adivinando las flores
para el ritual seguro que antecedía tu noche y los sueños.


Velas rojas decías
para marcar tu tiempo
un reloj de arena junto al nochero un libro
tus recuerdos cubiertos
la ventana por la que atravesaba el frío
tu pirámide rosa el horizonte plano
dispuesto
frente a tus más lúcidos miedos.


Pero hubo otro tiempo:
Me despedí con apremio
hacia el norte en el centro la región del quetzal
el santo Simón en Zunil vestido de negro
y la voz que busqué con afán de mis antepasados muertos.


Lo demás ya lo sabes:


El regreso y el largo lamento
aterrado el amor
con sus manos expertas
tu mujer abrazando tu cuerpo
cuando ya estabas muerto
en El Puno
irrumpió el alarido materno irreal
con sus ojos clavados en tus lejanos huesos
la oración que reemplazó mi beso.


Pero resolvemos enigmas las madres.



Tal cual como tú nos despertamos solas
y andamos a tientas
con las manos gentiles
espantamos la vida y la muerte.


Ahora soy yo la paciente que prepara el café en la mañana
se acomoda el cabello y toca algún libro
para olvidarme de mí
yo aseguro una página
porque algo se aprende:


Las palabras envejecen con todos
ya no hay antes después
y la esperanza espera.


Ayer nada más
cuando mis ojos se hundieron
en los Cuentos de Tokio que tu hermano pensó para mí
comprendí que no hay prisa
que la vida son estáticos trozos regados
un escándalo a veces
que debemos aquietar los anhelos
que el amor nos resume en un solo movimiento solo
si la soledad despega.


Tantas razones para permanecer o irnos, hijo.


Casi olvido decirte que otra muerte común
hoy distrae al planeta.
Son millares los muertos
se abrevian se arrojan los cuerpos
sobre una calle impasible
en un parque
en un basurero
   dispuestos
como si fueran los frutos de las añejas guerras.


Y no existen.
Se entierran sin nombre y los parientes no llegan.


Ningún oficio
que narre
como es la costumbre
sus formas de amar
el dolor
el camino del hombre en la tierra.


El crujir del doblez de un cartón escuchamos
lo sutil de la arena
cuando se mezcla con cal
se esparce con fuerza
mientras se atan los cuerpos
un abrazo forzado
improvisa la nueva fosa común de los pueblos.


La enfermedad del mundo es el mundo, decías.


Y sí.


Los tiranos avanzan los ladrones avanzan los esclavos civiles cautivos
la ignorancia la burla el rencor un concierto de voces
se escucha cuando el hambre se abona en la boca de un niño y no hay tregua.


Pero no todo está mal.
Hay también alimento y hartazgo y trabajo y pereza y no hay duda
hay hogares y seres que viven
más allá de este tiempo y simulan el triunfo y el amor los consuela.


Que el poema no alcanza, es también cierto. Y no importa.
La poesía es desierto:
se esparce y se aferra a un pedazo de letra
y se dice y sucumbe y se acalla
perece.


Vai, vedrai, hijo mío
Vai, vedrai.
Ya no tengo palabras.
Cantaré esta canción
tu canción
eso sí
cuando puedas venir
a mirar cómo crece la huerta.














Tallulah Flores Prieto


sábado, agosto 02, 2025

Solitario Invencible



Resbalando
Como canasta de amarguras
Con mucho silencio y mucha luz
Dormido de hielos
Te vas y vuelves a ti mismo
Te ríes de tu propio sueño
Pero suspiras poemas temblorosos
Y te convences de alguna esperanza


La ausencia el hambre de callar
De no emitir más tantas hipótesis
De cerrar las heridas habladoras
Te da una ansia especial
Como de nieve y fuego
Quieres volver los ojos a la vida
Tragarte el universo entero
Esos campos de estrellas
Se te van de la mano después de la catástrofe
Cuando el perfume de los claveles
Gira en torno de su eje











Vicente Huidobro


miércoles, julio 30, 2025

Contra El Yo



Escribo en contra del yo, aunque se cante así misma mi canción
No es más que una confesión, soy viudo de ambición
Mi verso nace libre, pues confío en mi intuición
Ya no ansío la ovación, solo aspiro a la emoción


Ya no hay duda alguna, agradecido de estar vivo
A nadie envidio, soy consciente de mi fortuna
Porque tengo el amor y porque tengo la escritura
En la que tengo este don de hacer volar con la pluma


La luna suspendida en lo alto como una campana
Mary duerme y es luciérnaga en la noche, mi ventana
Todo este tiempo estuve afinando mi corazón
Para poder entonar para ti ahora, la gran canción


Si dices que mi verso está marcado por lo eterno
Digo: "Tú también, pues infinito es nuestro encuentro"
Estamos todos juntos dentro de este mismo barco
Amiga mía, el universo es un puerto naufragando


Y aunque soy completamente consciente de este naufragio
Vivo ya sin miedo, porqué la vida es un milagro
Increíble como el arte me permite ver más hondo
Y como ofrenda traigo a la superficie lo que hay en el fondo


¿Qué es este estertor tortuoso?
¿Está prisa que todo lo vuelve borroso?
Poco a poco, la vida nos va agriando la saliva
Y en su ida nos oxida con su patina, los ojos


¿La liberación o el yugo?
Nos habita la contradicción, somos la gula y el ayuno
Lo prohibido nos incita, excita con pasión indómita
El deseo por la incógnita y tras el coito, la cuita


¿Otra vez mis manos manchadas de tinta?
Qué extraña la vida, siempre igual y siempre distinta
Nacimiento y muerte son uno
Como el espectáculo del crepúsculo: ósculo de la luz con lo oscuro


Eres el sol, la luna, eres Jesús, eres Buda
Eres tu madre, alguien, todo, nadie
Todo va deprisa el tiempo se desliza
Nada cristaliza, la muerte y el amor son insobornables


El tiempo nos persigue huyendo
Pero es un tiempo mundanal
El transcurso universal no tiene tiempo
Estoy de paso por lo eterno
Viviendo sin envidiar lo que otros tienen y sin miedo a perder lo que tengo


Odio y egoísmo nacen de un corazón vacío
Un ser verdaderamente pleno vive agradecido
Hoy solo me hace feliz, hacer feliz a los míos
Y es que solo así, la felicidad cobra sentido


Son izquierdas mis dos manos
Pero tengo la palabra y con ella el milagro
De lograr ganarme el pan con el alma
Aunque ahora todo cuanto mendigo es para ofrendar
Pues ya sé que se pierde aquello que no se da


Algunos pasan persiguiendo la riqueza tanto tiempo
Que cuando por fin son ricos, se los lleva el viento
¿Así qué quién es el que está en lo cierto?
¿Quién desea lo que ya es suyo, o quién vive persiguiendo?


Vivamos al revés, no ante cada instante como si fuera el último
Sino como si fuera la primera vez
Con el asombro del niño y la serena vejez
Sin ambición, sin prisa, sin odio, sin miedo, sin juez


Ahora presencio el silencioso descenso del sol
Sobre el inmerso y terso lienzo, adieso pienso: ¿quién soy?
Yo solo soy un soñador, un mudo cantante
Yo no sé cantar, pero puedo hacer que las cosas canten


Aunque no sé si es un don o es una enfermedad esta sensibilidad
Llorar es lavarse el alma en realidad
El estro es tan fugaz, hay que disparar para atraparlo
Y tras mis párpados, encuentro la paz, come de mi mano


No sé si mi rima ayuda, que esa duda tuya huya
Pero escucha: El amor siempre vence sin lucha
Como tú y yo, dos amantes fervientes
Cruzando de la mano la existencia como un río sin puentes


Arriba el símbolo, Sirio en su ígneo giro
Abajo el himno, el silbo del mirlo en el mirto
Y en mitad nosotros, conscientes de este delirio
Testigos de un destino previsto y desconocido


Y si la muerte se me lleva, sin aviso antes de tiempo
Que quede constancia aquí, de que fui un hombre pleno
Que abrí el regalo de vivir y encontré todo dentro
Y que escribir, no fue más que mi forma de agradecerlo


Así que, de mi cuerpo frío, amor mío, haz polvo fino
Si me voy primero y rozar tus pies en el camino
Ayer busqué la inspiración en el dolor y me hice daño
Y cuando el corazón vence al ego, el necio se convierte en sabio


Y el sabio está concentrado en lo trascendente
El necio distraído en el ruido del vulgo
Por eso, al final el necio tatúa en la piel de la serpiente
Mientras que el sabio tatúa en el alma del mundo


Algunos hoy me miran como a un loco por que soy feliz
La belleza no estaba en el paisaje, la belleza está en mí
No soy lo que tengo, por fortuna tengo lo que soy
Al fin me he vencido y hoy soy más fuerte que yo














Rafael Lechowsky





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Enlace a la versión musicalizada de Contra El Yo en la voz de Rafael Lechowsky:



Contra El Yo






sábado, junio 07, 2025

Lo Que Esperamos



Tardará, tardará.


Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas,
seguirán produciendo
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza,
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.


Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad,
de bosta.


Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.


Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que baben las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.











Edgar Degas : L'attente







Oliverio Girondo



domingo, diciembre 22, 2024

Ajedrez



El ajedrez ha sido tabla de salvación. Más que la poesía. En los momentos aciagos, cuando no entiendo nada de lo que leo o de lo que pasa, cuando el cielo me ha expulsado de sí, emprendo el camino del escaque lleno todo de inercia. Ahí llegan los rivales. Empiezan a hacer maravillas con las piezas a tal punto que a la próxima partida la concentración está indignada, excitada.





en el ojo que redescubre la luz.



Te asiste incluso la alegría de la derrota digna.



Cuando la palabra te abandona, cuando ya la palma no vigila con el amor de la tierra el destino de los hombres, cuando no pronuncia mantras de puro viento sin blanco, el reducto de 64 escaques está ahí para emplazar el mundo, para incendiar tu sangre.








Chessboard by Martin Rak








Mauricio Alejandro Moreno


miércoles, septiembre 25, 2024

Buscando América



Te estoy buscando América
Y temo no encontrarte
Tus huellas se han perdido
Entre la oscuridad


Te estoy llamando América
Pero no me respondes
Te han desaparecido
Los que temen la verdad


Envueltos entre sombras
Negamos lo que es cierto
Mientras no haya justicia
Jamás tendremos paz


Viviendo dictaduras
Te busco y no te encuentro
Tu torturado cuerpo
No saben dónde está


Si el sueño de uno
Es sueño de todos
Romper la cadena
Y echarnos andar

Tengamos confianza
Pa' lante mi raza
A salvar el tiempo
Por lo que vendrá


Te han secuestrao América
Y amordazao tu boca
Y a nosotros nos toca
Ponerte en libertad


Te estoy llamando América
Nuestro futuro espera
Y antes que se nos muera
Te vamos a encontrar


Te estoy buscando América
Te estoy llamando América
Luchando por la raza
Y nuestra identidad


Te estoy buscando América (esta es mi casa)
Te estoy llamando América
Y vamos a encontrarte
Entre esta oscuridad


Te estoy buscando América
Te estoy llamando América
Te han desaparecido
Los que niegan la verdad


Te estoy buscando América
Te estoy llamando América
Y a nosotros nos toca
Hoy ponerte en libertad
















Rubén Blades






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Enlace a Te Estoy Buscando América en YouTube:

Te Estoy Buscando América









domingo, agosto 04, 2024

Tierra Cansada


 (Romance pequeño) 


La tierra se va cansando,
la rosa no huele a rosa. 
La tierra se va cansando 
de entibiar semillas rotas,
y el cansando de la tierra
sube en la flor que deshoja
el viento... Y allí, en el viento
se queda...


La mariposa
volará toda una tarde
para reunir una gota
de miel...


Ya no son las frutas
tan dulces como eran otras...
Las canas enjutas hacen
azúcar flojo... Y la poca
uva, vino que no alegra...
La rosa no huele a rosa.
La tierra se va cansando
de la raíz a las hojas,
la tierra se va cansando.
(Rosa, rosita de aromas...,
la de la Virgen de Mayo,
la de mi blanca corona...
¿Qué viento la deshojó?)
¡Me duele el alma de sola!...


(La Virgen se quedó arriba
toda cubierta de rosas...)


¡No me esperes si me esperas,
Rosa más linda que todas!...


La tierra se va cansando...
El corazón quiere sombra...


















Dulce María Loynaz



jueves, agosto 01, 2024

Ahora Hablo De Gaitas



Gaitas lejanas la noche
nos ha metido en el alma.
¿Vienen sus voces de adentro
o de allá de la distancia?



—De adentro y de la distancia,
¡porque aquí entre nosotros
cada cual lleva su gaita
en los repliegues del alma!


—Compadre José Morillo,
no toque más su guitarra:
¡oigamos mejor las gaitas
que nos cuentan su nostalgia!


—¡Llenen mi copa de ron,
de ron blanco como el agua!
¡Yo quiero sentir lo mismo
que sintieron mis abuelos
cuando escuchaban las gaitas,
colmando sus noches hondas
con aguardiente de caña!


—En este camino largo,
lleno de sombra y distancia,
sobre la tierra sentado
voy a escuchar mi gaita.


—Y aquellos que no comprenden
la voz que suena en sus almas
y apagan sus propios ecos
con las músicas extrañas,
que se sienten en la tierra
para que escuchen lo dulce
que han de sonar sus gaitas.


Cuando la estrella del alba
nos venga a bañar el rostro
y ya nos inunde a todos
fresca luz de la mañana,
compadre José Morillo:
¡entonces serán más puras
las voces de nuestras gaitas!

















Jorge Artel


miércoles, julio 31, 2024

Admonición A Los Impertinentes



Yo deseo estar solo. Non curo de compaña.
Quiero catar silencio. Non me peta mormurio
ninguno a la mi vera. Si la voz soterraña
de la canción adviene, que advenga con sordina:
si es la canción ruidosa, con mi mudez la injurio;
si trae mucha música, que en el Hades se taña
o en cualquiera región al negro Hades vecina...
Ruido: ¡Callad! Pregón de aciago augurio!
Yo deseo estar solo. Non curo de compaña.
Quiero catar silencio, mi sóla golosina.


Como yo soy el Solitario,
como yo soy el Taciturno,
dejadme solo.


Como yo soy el Hosco, el Arbitrario,
como soy el Lucífugo, el Nocturno,
dejadme solo.


Mi sandalia (o mi abarca o mi coturno)
no los piséis, tumulto tumultuario,
dejadme solo.


Judeo, quechua, orangutánida, ario,
—como soy de la estirpe de Saturno—
dejadme solo.


Decanto en mi rincón mínimo canto,
silencioso; alquimista soy señero,
juglar oculto, absconto fabulante.
Dejadme solo.


Buen catador (soto mísero manto)
Buen tañedor (sin Amati o Guarniero)
Alto cantor (aunque bajo cantante)
Dejadme solo.


Dejadme solo. Non quiero compaña.
Dejadme esquivo. Non gusto coreo.
Non paventad: non presumo de Orfeo
desasnador de cerril alimaña.


Dejadme solo soplando mi caña
silvestre. Non pétame pueril ronroneo.
Non son adamado. Non son sigisbeo.
Son áspero, másculo. Son rudo, sin plaña.


Sin queja. Más mudo que Beethoven sordo.
Sin laude. Más zurdo que Cervantes manco.
Sin pathos. Más seco que no Falstaff gordo.
Solitario. Adusto. Voy único a bordo.
Espíritu en negro. Corazón en blanco.


Y esquivo dejadme. Soy notas-arranco
de mi clavecino. Soy fábulas-bordo
sobre el cañamazo de mi pentacordo.
Soy facecias-urdo. Por dentro me estanco.
Dejadme señero: jamás me desbordo.


Como yo soy el Solitario,
como yo soy el Taciturno,
como yo soy el Hosco, el Arbitrario,
como soy el Lucífugo, el Nocturno,
dejadme solo.


Como soy Leo Atrabiliario,
como soy Sergio el Estepario,
como soy Proclo Extravagario,
como ya tengo el Cuervo y el Vulturno
de los acerbos choznos de Saturno,
dejadme solo.


Dejadme solo. Non quiero compaña.
Dejadme esquivo. Non gusto coreo.
Non paventad. Non presumo de Orfeo
desasnador de cerril alimaña.


No viene a mí, ni voy a la montaña.
Ni vasallo ni César, Juez ni Reo:
Sergio Estepario, Estrafalario Leo.
Con mi tonel. De mi cruz cirineo.
Rey de Burlas, soberbio: cetro o caña
pares le son a mi elación huraña.
Dejadme solo.
















León de Greiff





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Enlace a Admonición A Los Impertinentes en la voz del poeta:


Admonición A Los Impertinentes



martes, julio 30, 2024

Manifiesto Nadaísta al Homo Sapiens



«La unión del yo con el vino es un poema. La unión del yo con la mujer es un poema. La unión del cielo con la tierra es un poema. Pero el poema que hemos debido escuchar ha paralizado nuestro entendimiento»(1).

Henri Michaux







En vista de que nadie hace nada; en vista de que todo sigue peor; en vista de que ya truenan los regimientos Atómicos; en vista de que estamos hartos de hacer «literatura»; en vista de que Dios se durmió a la sombra del manzano del Paraíso; en vista de que el Diablo se durmió sobre sus adormideras; en vista de que la Historia es un mito sanguinario; en vista de que el Famoso Espíritu Moderno apesta a intestinos rotos; en vista de todos… los Nadaístas resolvemos decir ¡ B A S T A ! a estas sublimes porquerías; declarar cesante el mito de la Inteligencia, y llevar a su casa, a su conciencia, un átomo de locura, de duda, una Bomba de Desesperación Salvadora para que usted despierte, o en caso contrarío, reviente.


Pateamos la piedra tumbal y resucitamos. Sonó la hora de bautizar la Tierra con una nueva barbarie purificadora. El planeta hiede a almas muertas. No más resignación, no más éxtasis, no más nihilismo. Se abre el proceso: vamos a acusar, a enterrar a los muertos, a limpiar la Tierra de excrementos. ¡Vamos a vivir!


Nuestro mensaje es de muerte, seremos tiernos como verdugos. De este cataclismo sólo resucitarán los vivos. Nuestro diluvio es de odio: no perdonaremos.


Somos Ateos por estética, pero si hemos de sustituir a Dios por otro mito, adoraremos a Lucifer el Ángel de la rebelión, el profeta de la destrucción creadora. Con este demonio purgaremos el error de ser hombres, esta horrible cosa arbitraria que resultó de un juego de azar entre un Dios alfarero y el barro más hediondo de la Naturaleza, de cuyas manos salió la embarrada que se titula «Homo Sapiens».


Verdaderamente nos subleva que usted, señor Homo Sapiens, viva como un muerto, como una babosa, como un Ángel, abrazado a las cien púas del erizo de la imbecilidad, creyéndose un genio por la gracia de Dios, aceptando por toda aventura vital despertar cada mañana para ir al trabajo, dormir para descansar, y comer para sostener en pie su pobre esqueleto.


Sinceramente nos preocupa su situación, nos asusta que usted ni siquiera cometa un crimen al día, y permita que el Bien y la Virtud se apoderen impunemente de su Existencia.


Deje de sonreír idiotamente al Destino y tómese en serio antes de reventar. Deje de hacerse ilusiones con el embeleco de que usted es eterno. Lo que debe preguntarse antes que nada es para qué está vivo, y asumir el terror de lo que este milagroso acontecimiento significa para usted y para el astro que habita.


No sea inocente, deje de tener fe en tanto fetichismo. Ya sabe que el Diablo no perdona tener fe, ni nosotros tampoco.


Les advertimos que si ustedes no cambian, nosotros nos vamos a desafiliar de la Raza Humana, pues hoy lo peor que le pueda pasar a un ser, es ser hombre, o sea, esta salsa para aliñar el Banquete Atómico.


Nosotros estamos avergonzados de pertenecer a la Humanidad. Nos repugna tener dos orejas, dos patas y los otros pares de cosas, y pensar que por este solo hecho uno está condenado a identificarse con la inmunda condición humana.


Estamos terriblemente inconformes de ser vuestros semejantes, vuestros granujas y vuestros cómplices de putrefacción. Por el momento consideramos impúdico atribuirnos un Alma Inmortal, esa cosa fétida en que ustedes fundan vuestro orgullo y vuestras ilusiones de ir al Cielo a disfrutar los dividendos del negocio Teológico, consistente en el crimen de sacrificar la vida de hoy por el cobarde Más Allá.


Sí, amigos, algo nos tiene que diferenciar de ustedes, y en honor a esa diferencia renunciamos gratuitamente a tener alma. Para sentirnos «humanos» nos bastará con tener ombligo, y considerar por toda tradición espiritual del petulante Homo Sapiens, la egregia cultura que nos viene de los micos del Putumayo.


Para iniciar esta revaluación del Espíritu, les comunicamos que mediante un Pacto en el Abismo, los nadaístas le hemos vendido el alma al Diablo, no a cambio de la Inmortalidad, sino de la Vida.


¡Ahora nadie tiene derecho a estar por encima de nosotros, ni siquiera el cielo!


Tenemos el propósito de aceptar el reto de Lucifer, emanciparnos de toda sumisión y fundirnos a la luz del mundo en calidad de simples planetarios que nada tienen afín con la abominable Historia de la Humanidad, ni con sus despreciables conquistas políticas y científicas.


Si usted desea embarcarse en esta peligrosa aventura del Hombre-Sol, en este comunismo de la libertad para conquistar el mundo que aún no existe, pero cuyos pasos de Dragón se avecinan sembrando la muerte en el alma y en los cimientos de esta vil cultura nuclear, ¡rompa las Tablas!; desafíliese de toda vaga noción de Humanidad; arroje sus prejuicios en los hornos crepitantes del desprecio; yérgase con coraje frente a los presagios siniestros del porvenir; ámese como si usted fuera el primero y el último de los hombres, pues con usted nace y termina la Historia.


No hay que ser blandos ni compasivos. Hay que ser crueles, insobornables al Bien. Hay que ser peores que virtuosos. Hay que consumar la muerte del Humanismo en esa región del Espíritu donde el hombre está muerto: en sus ilusiones. La Razón es una rata muerta, hiede. Un vaho de putrefacción asciende por los poros hasta el alma, infecta la carne, la vida, el planeta.


Nosotros haremos la Dedetización del Espíritu, y aplicaremos dosis letales a aquellos cuyo diagnóstico metafísico sea «INRI», y aquellos otros cuyo diagnóstico histórico fundamenten su razón de vivir en el Oriente Mesiánico o en el Maquinismo Occidental.


Todos los valores de esta Civilización maxfactorizada y marxista hay que arrojarlos a la cañería sin excepción. El hombre está corrompido desde la cabeza hasta el coxis. Hay que desmentalizar la carne, adanizar el Espíritu. Nuestra literatura será el purgante para que el hombre, en vez de caca, defeque sus razones.


Para que el hombre no sea aniquilado, para que el Espíritu no sea sentado en la Silla Eléctrica, para que un resto de dignidad animal no nos sea arrebatado por esta Civilización de acero, nosotros prometemos hacer un arte de ignominia que consista en aplastar al hombre sobre un Water Closet, hasta que se eleve como por encima de un pedestal en sus propios excrementos, y sienta que todo eso perfumado que llamaba «Los Valores», no era más que un montón de mierda.


Pero no se haga ilusiones, querido Homo. No crea que le vamos a ofrecer su salvación a precios de quema. El Nadaísmo no es un baratillo de la inteligencia, ni la Gota de Leche de la Paz Mundial, ni un orfanato para pobres de Espíritu, ni menos una Tabla de Salvación. Todo lo que podemos hacer por usted es invitarlo a que suba a esta Tabla de Salvación y se hunda con nosotros.


Nuestro amor por usted, y nuestro desprecio por usted, es invitarlo a participar en nuestra desgracia, y obligarlo a renunciar a toda esperanza de ser salvado.


¿Para qué diablos quiere salvarse, señor Homo, si usted ni siquiera está perdido, si usted probablemente ni siquiera existe?


Y además, no sea bobo, no se deje ilusionar con el mito de la Redención. ¿Acaso usted, en su noble esfuerzo de superación humana, desea convertirse en un Querubín? ¿Qué haría con su asquerosa almita después de ser redimido, o sea, sin la más mínima esperanza, sin el más mínimo problema, sin el más mínimo sufrimiento? No le parece, amigo Homo, que la tal Redención es peor que ese Cielo consistente en no esperar ya más, en no ser ya nunca más? ¿Desea hundirse en semejante aniquilamiento metafísico, en semejante Nada Negativa, en semejante fangosa Eternidad peor que todos los Infiernos?


Cuídese, y no se deje redimir por los Teólogos pragmáticos de este mundo y del Otro. No se deje meter en Cielos Beatíficos donde reina la ausencia de Ser, el olvido de Ser, donde jamás reverdecerá el Olivo. No se deje premiar con la felicidad. Nosotros fuimos felices alguna vez y les comunicamos que la felicidad es la peor desgracia que le pueda pasar a un hombre.


A cambio de la felicidad nosotros ofrecemos la perdición, una cierta desesperación del Espíritu que lo haga consciente de su esplendorosa inutilidad, y por lo mismo, de la esplendorosa fortuna de disfrutar esta Tierra por el breve plazo de una vida, y ser bautizado por las aguas sin esperanzas de la Muerte.


No olvidemos que el hombre es el espermatozoide galáxico de Dios, un milagro con pantalones, y que el mundo es maravilloso una vez más, por última vez. Por eso, señor Homo, apresúrese a desnudarse para que haga el amor con esta Tierra que usted ha despreciado y ofendido a nombre de las Tenebrosas RAZONES de su miserable condición divina, y de su miserable condición humana.


Es verdad que nosotros no tenemos razón, ni pretendemos imponerle a usted una razón de vivir. Simplemente nadie tiene razón, porque no hay razones. Pero se trata de vivir, de no presumir, de recordar que la vida es un inventico estupendo.


Y la prueba de que no hay «razón de vivir» es que la Razón es mortal. No lo dude: mírese al espejo y verá el horrendo espectáculo de su máscara de asesino.


Mire en torno de su adorado universo y no verá más que cadáveres sacrificados por la Justicia, el Amor, la Libertad, la Paz, y las demás porquerías de la Razón humana.


Por fortuna nosotros no somos razonables. ¡Nosotros somos locos!


Pero los Homos podrán preguntarnos: —Señores Locos Nadaístas, y si todo esto les parece tan siniestro, ¿por qué no se matan?


A lo cual nosotros respondemos: —Señores Homos, no nos matamos porque somos los Héroes del Siglo; porque nos gusta hacer el amor; porque el hombre, a pesar de ser hombre, también nos interesa como Monstruo; y porque seguramente somos unos héroes muy cobardes.


El Homo, que en todo quiere tener razón —pues por algo es Sapiens— volverá al ataque:


—Señores Nadaístas, ¿y si ustedes no creen en nada por qué escriben?


Y nosotros diremos:


—Señor Homo, escribimos porque tenemos máquina de escribir, y para ponerle a los calvos los pelos de punta.


Pues el fin de nuestra literatura —que por lo demás se resiste a tener fines— es recordarle todas estas bellas y locas cosas, en el caso de que usted, señor Homo, sea un desmemoriado Y si usted nos permite, se lo recordaremos de todos modos: a palos, a poemas, a bala, en fin, como más le duela.


Se trata, en definitiva de ser otros, de dejar de ser. Pero esto no es un chantaje. Si usted desea seguir siendo libre de ser servil, de ser estúpido, libre de no-ser, nadie le va a disputar ese derecho inalienable, ni pensamos discutirle filosóficamente sus corrompiditos «Derechos del Hombre». Siga teniendo fe en sus tonterías si eso le place, que sea feliz, que engorde, y que Dios lo corone de gloria, pues no mereces otra cosa.


Nosotros hacemos nuestras las palabras de Zaratustra, y con ellas iremos al combate. Pero no aspiramos triunfar sobre ustedes, ni matarlos, pues ustedes ya están muertos. No aceptaremos ninguna victoria que no sea una victoria sobre nosotros mismos. Vuestra guerra o vuestra paz no nos conciernen, ni nos intimidan vuestros leprosos y asesinos sistemas, pues cuando caigan las Bombas, nosotros ya estaremos muertos de risa.


Y no crean que no somos extraordinarios. Nosotros, escritores, también seremos capaces de hacer silencio para tener razón. De todos modos, intentaremos una literatura que parezca silencio, que no diga nada pero que sea todo; que no diga la Verdad pero que sea la Vida.


Queridos Homos: «El mundo no gira alrededor de los inventores de nuevos ruidos, sino en torno de los inventores de valores nuevos, y gira en silencio».

















Gonzalo Arango





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Enlace para escuchar Manifiesto Nadaísta al Homo Sapiens en la voz de Gonzalo Arango:

Manifiesto Nadaísta al Homo Sapiens





1. N.E :

"L'union du moi et du vin est un poème.
L'union du moi et de la femme est un poème.
L'union du ciel et de la terre est un poème.
Mais le poème que nous avons entendu a paralysé notre entendement."

Henri Michaux



miércoles, julio 24, 2024

Agnus Dei



Y de todas estas palabras, éstas que
la lengua y las venas contienen.
Todo el universo está ahí, todo el mar,
y el trueno rugiente en las noches,
todo el cielo y la primera amante
se entregan a la roca elevada,
distancia de la lejanía inmensa y prodigiosa,
proximidad del virus microscópico de este cuerpo
y la palabra extraviada por la pérdida,
mi pérdida, la de mi generación, rencorosa y gimiente,
pérdida en los territorios del desierto y las serpientes,
pérdida de miles de seres cuya voz se oye a lo lejos,
una voz en el desierto.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo:
ten piedad de nosotros,
une el acto a la palabra,
el recuerdo a la lengua,
destila las lágrimas en letras que nos protejan del sufrimiento.


Mis lobos se han acostumbrado a mí
y yo me he acostumbrado a las fieras.
En la jungla de mi vida
mi generación es una presa,
mis compañeros cebo de los animales salvajes
y nuestros corazones están pinchados en las ramas
para las rapaces.


Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo:
destila nuestras lágrimas en palabras,
sálvanos del exilio de la afasia,
el exilio de los desiertos: nosotros somos
los portadores del mar, del horizonte, del cielo,
los portadores de la muerte entre sueño y sueño.
















Yabra Ibrahim Yabra

Traducción del árabe de María Luisa Prieto



martes, julio 23, 2024

Heces



Esta tarde llueve, como nunca; y no
tengo ganas de vivir, corazón.


Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser?
Viste de gracia y pena; viste de mujer.


Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo
las cavernas crueles de mi ingratitud;
mi bloque de hielo sobre su amapola,
más fuerte que su "No seas así!"


Mis violentas flores negras; y la bárbara
y enorme pedrada; y el trecho glacial.
Y pondrá el silencio de su dignidad
con óleos quemantes el punto final.


Por eso esta tarde, como nunca, voy
con este búho, con este corazón.


Y otras pasan; y viéndome tan triste,
toman un poquito de ti
en la abrupta arruga de mi hondo dolor.


Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no
tengo ganas de vivir, corazón!















César Vallejo