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sábado, mayo 30, 2026

Ya Verás, Hijo Mío



Para mi amado Alejandro





Ya verás que una sonrisa
a menudo esconde mucho dolor.
Ve, hijo mío, ve, ya verás la locura del hombre.
               Cirque Du Soleil













Excusa mi tardanza pero que no te sorprenda.
Tú sabes cómo me entretienen los oficios de la casa
              y sin darme yo cuenta
se acomodó la noche
en el silencio recio del vaivén de astros
que deambulan sobre la montaña negra.


Mi gesto no es triunfal y mi poema no piensa.


Acudo
               sin embargo
a un puñado de letras
para encender tu rostro
y no digo que no:


Yo levanto mis manos a la altura de las sienes
y con los ojos locos
me interrumpo un momento para romper el tiempo.


Porque hay noticias, hijo.
Hace tan sólo un mes para verlos crecer quise plantar pimientos
cultivar una huerta
hacer del destino una casa.


Quise andar la vereda para ejercer el amor
robarme uno a uno los fabulosos ojos
las sonrisas viscosas de los niños más tristes
que imaginé un domingo
estirando sus piernas
para idear conmigo un refugio en un libro en la hierba.


Intenté reencontrar algunas voces de Greene
personajes perdidos en el paisaje
en el cielo
y para poder amar como ellos
sin oponerme a Dios
reorganicé las estancias y dispuse la mesa.


Pero estaba fingiendo.


Todo brota en desorden de mí
desde entonces
el balcón sin persianas que reaviva los verdes
la luna más feroz
las nubes que retoca cada tanto el viento
la noche que nos aclara el miedo.


Todo brota de ti
desde entonces
tu quietud aquel árbol el sendero que tú y yo transitamos
saturados de agua de risa y de miedo
cuando aún no habías muerto y llovía, ¿recuerdas?
que me dejaste atrás con tu mirada osada
y te veías cansado adivinando las flores
para el ritual seguro que antecedía tu noche y los sueños.


Velas rojas decías
para marcar tu tiempo
un reloj de arena junto al nochero un libro
tus recuerdos cubiertos
la ventana por la que atravesaba el frío
tu pirámide rosa el horizonte plano
dispuesto
frente a tus más lúcidos miedos.


Pero hubo otro tiempo:
Me despedí con apremio
hacia el norte en el centro la región del quetzal
el santo Simón en Zunil vestido de negro
y la voz que busqué con afán de mis antepasados muertos.


Lo demás ya lo sabes:


El regreso y el largo lamento
aterrado el amor
con sus manos expertas
tu mujer abrazando tu cuerpo
cuando ya estabas muerto
en El Puno
irrumpió el alarido materno irreal
con sus ojos clavados en tus lejanos huesos
la oración que reemplazó mi beso.


Pero resolvemos enigmas las madres.



Tal cual como tú nos despertamos solas
y andamos a tientas
con las manos gentiles
espantamos la vida y la muerte.


Ahora soy yo la paciente que prepara el café en la mañana
se acomoda el cabello y toca algún libro
para olvidarme de mí
yo aseguro una página
porque algo se aprende:


Las palabras envejecen con todos
ya no hay antes después
y la esperanza espera.


Ayer nada más
cuando mis ojos se hundieron
en los Cuentos de Tokio que tu hermano pensó para mí
comprendí que no hay prisa
que la vida son estáticos trozos regados
un escándalo a veces
que debemos aquietar los anhelos
que el amor nos resume en un solo movimiento solo
si la soledad despega.


Tantas razones para permanecer o irnos, hijo.


Casi olvido decirte que otra muerte común
hoy distrae al planeta.
Son millares los muertos
se abrevian se arrojan los cuerpos
sobre una calle impasible
en un parque
en un basurero
   dispuestos
como si fueran los frutos de las añejas guerras.


Y no existen.
Se entierran sin nombre y los parientes no llegan.


Ningún oficio
que narre
como es la costumbre
sus formas de amar
el dolor
el camino del hombre en la tierra.


El crujir del doblez de un cartón escuchamos
lo sutil de la arena
cuando se mezcla con cal
se esparce con fuerza
mientras se atan los cuerpos
un abrazo forzado
improvisa la nueva fosa común de los pueblos.


La enfermedad del mundo es el mundo, decías.


Y sí.


Los tiranos avanzan los ladrones avanzan los esclavos civiles cautivos
la ignorancia la burla el rencor un concierto de voces
se escucha cuando el hambre se abona en la boca de un niño y no hay tregua.


Pero no todo está mal.
Hay también alimento y hartazgo y trabajo y pereza y no hay duda
hay hogares y seres que viven
más allá de este tiempo y simulan el triunfo y el amor los consuela.


Que el poema no alcanza, es también cierto. Y no importa.
La poesía es desierto:
se esparce y se aferra a un pedazo de letra
y se dice y sucumbe y se acalla
perece.


Vai, vedrai, hijo mío
Vai, vedrai.
Ya no tengo palabras.
Cantaré esta canción
tu canción
eso sí
cuando puedas venir
a mirar cómo crece la huerta.














Tallulah Flores Prieto


miércoles, abril 20, 2016

Walt Whitman


Porque en algún momento mencionó las fronteras
sabiendo que no existían fronteras
y que nada era seguro, ni las cosas sencillas que
                                                                     no existen,
celebro a Whitman y en su voz me pierdo
porque conviene más saberlo cerca para poder
                                                                       abandonarlo
inventando otro diálogo de dejaciones que avancen,
o proximidades más propias para celebrar el tiempo.

Canto de sí mismo, yo me canto
y me apropio de mí, de los que vienen
porque así lo pediste y yo me creo
y creo en mi época de tristezas vanas y de muerte,
y en el futuro tan vano de tanta vida que no tendré.

No soy original, tú lo dijiste, y no he de serlo
porque no significa nada.
Porque hablamos del mar, y tocamos el mar, y
                                                           viajamos el mar,
porque todo es sequedad
y vemos lo que podemos ver del pasado y del
                                                               presente.

Porque no conocimos el verdadero río ni al
                                                          verdadero hombre,
y saltamos sobre el estiércol y construimos sobre él.
Porque arrojamos discursos sobre la tierra mojada
                                                             y sobre la tierra seca,
y nos hacemos preguntas para pensar el tiempo,
porque incomoda el tiempo.

Entonces, yo lo digo para que tú lo celebres.
¡Incorregible melodía!
Tocas mi oído aunque no te pedí.
La sé desde siempre y no me hace feliz.
Tú te hiciste feliz invitando a tu alma a observar
                                        un tallo de hierba del verano.

Nosotros observamos los tallos de la única estación
y somos con el misterio débiles.
No tenemos tu aplomo, Walt Whitman.
Te hemos ganado en muerte.






Tallulah Flores Prieto



Naturaleza Muerta


En verdad no hay historia.
Desde la madrugada todo está quieto
Y la niebla oculta los caminos.
A través de los árboles
Las palabras
                 sigilosamente
Se transforman en dibujos crueles
Signos cerrados de erotismo
Que aparecen rodeados de miedo y de misterio.

El gris destierra el día.
Pero yo sé que es temprano.
Me duele el cuerpo de andar a ciegas
Y toco la fuerza de los troncos que no hablan.

No es un cuento:
Las letras me recorren ávidas,
Con rabia
Y huyen de mí
Sin revelar errores.

¡Infelices palabras!
No hay trama ya en el parque.
Soy yo sin follajes
Y bajo el farol del centro
La luz
                en precipicio
Se apropia de mi boca.







Tallulah Flores Prieto