domingo, febrero 07, 2016

Cáncer

¿Qué será mío entre tanta abundancia? ¿el puerto con sus olores y su caliente respiración?
¿la nave, las nubes, las impresiones del viaje? ¿acaso el ancla, sí, el ancla una vez que fue inventado?
¿los objetos de uso cotidiano que gastamos y que nos gastan?
¿las sombras y sus enigmas? ¿el crepúsculo y sus lugares comunes?
¿el alba y su momentánea pureza?
¿los espejismos del porvenir o de la memoria reflejados en el sueño o en la vigilia?
¿la soledad como red puesta a secar?
¿el cordón umbilical enterrado al pie de la venerable ceiba?
¿las bebidas y los alimentos terrenales que modifican su apariencia en nosotros?
¿las fábulas contadas por el aya? ¿los bestiarios de la infancia?
¿mi ciudad natal destruida y levantada tantas veces que no reconozco en ella ni mi recuerdo?
¿mi nombre sin duda alguna, mi nombre que cambia con los hijos y con la boca que lo pronuncia?
¿las acostumbradas ausencias? ¿el horóscopo? ¿los emblemas?
¿ese sitio de la amistad junto al cual nos sentamos confiadamente entre dos fugas, dos guerras o dos inviernos crudelísimos?
¿las armas que nos permiten vencer o que nos destruyen?
¿las cosas heredadas tan llenas del uso de sus posesores difuntos?
¿el imperioso oleaje del deseo rompiendo sobre las playas o los acantilados?
¿su espuma, su deshacimiento triunfante, su reflujo hacia las profundidades del resurgimiento?
¿las huellas o las cicatrices?
¿el jardín de los primeros días en la súbita evidencia de su esplendor?
¿los ritos de la sombra? ¿la imagen del espejo? ¿el doble que nos asumirá algún día?
nada en suma me pertenece así como lo que nunca tuve y no tuve por lo tanto destruir.
Concluido este ceremonial melancólico con el que confirmo mi extrañamiento
el exilio hacia el cual nos conduce nuestra propia condición suelo asomarme desde alguna orilla segura, desde algún mirador protegido
hacia este enorme mundo plural, diverso, enmadejado, simultáneo que el tiempo arrastra en su creciente hacia la muerte  
y canto silenciosamente
me hablo a mí mismo, enumero las cosas vertiginosas que pasan
pronuncio oraciones y fórmulas mágicas
creo en mis semejantes porque creo en Dios
recuerdo preferentemente el futuro cuando regrese a este Puerto y hayan cambiado la forma de los barcos y el sitio de los muelles
-a lo mejor ya no habrá barcos ni muelles sino antenas o yermos o sótanos o esferas
a lo mejor estaré petrificado o gotearé hasta construir estalactitas que llenarán de maravilla a los visitantes de la gruta
a lo mejor seré pescado o animal de pelambre o energía
o corteza sobre la cual una pareja grabará sus iniciales
a lo mejor me llamarán capitán del puerto
a lo mejor seré el náufrago, el amante o el fugitivo que hunde su rostro entre los cabellos sueltos de una mujer abierta y trémula sobre una playa de nunca o de siempre
y en quien tantas veces me he visto como en una constelación-.





Juan Liscano



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