domingo, agosto 30, 2026

Canción De Gratitud



Mi infancia fue un tiempo fugaz
Mamá me dio la libertad
Con seis años ya vagaba en la ciudad
De asombro en asombro
La iglesia, la tapia, la higuera


La acera que condujo al amigo al que aún retorno
Después la muerte de mi papá
Y mi odio, mi ingreso en el reformatorio
Ahora de eso no quiero hablar


Prefiero evocar la niñez como esa etapa maravillosa
En la que uno comprende el lenguaje de todas las cosas
Y ahí conocí la soledad
Que practico desde entonces como un rito a la beldad
Y hoy soy rico de verdad


Porque todo lo poco que gano lo gasto
En comprar y comprar lingotes de tiempo y espacio.
Si vas lejos, ve despacio
Durante el camino pronto entenderás
Que la meta está el propio cansancio
Pues es la mayor certeza de vivir plenamente


Descansa mejor el cansado
Y así ha de llegar la muerte
Si preguntas qué es la vida
Respondo: "un morir constante"
Si preguntas qué es la muerte
Respondo: "un nacer constante"


La existencia es un instante
Pero el universo es infinito, amigo mío
Por tanto, todo es importante
Nada termina, somos un viaje de ida
El fin de vivir no es morir
Es dejarse algo en la vida


Para que otro llegue y descubra lo hermoso que es
El milagro de vivir amando siendo amado a la vez
Y dile que el éxito no es destacar
Sobresalir es desencajar
El triunfo es armonizar
Transitar en silencio
Pasar sin ser descubierto
Jirones de tiempo
Vivir en un ángulo muerto
Sencillo y libre


Y desde ahí contemplar la belleza
Y permanecer en ella
El mayor tiempo posible
Porque al que no espera nada
Al final todo le llega
El mayor logro es el amor


El aplauso es un ruido que ciega
Hoy solo pido que mi madre siga caminando
Que mi hermana vuelva
Que sonrían Emmanuel y Eduardo


Todavía me caigo pero me levanto enseguida
Porque he encontrado al fin el sentido de la vida
¿Os he hablado de María?
De noche duerme en mi regazo
Y al abrir mis ojos es un ángel que me guía


Y doy gracias a la vida
Gracias por su amor y por cada nuevo sol
En que me baño cada día
¡Gracias!












Rafael Lechowsky




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Enlace a la versión musicalizada de Contra El Yo en la voz de Rafael Lechowsky:


Canción De Gratitud


domingo, agosto 16, 2026

Pavana Del Hoy Para Una Infanta Difunta Que Amo Y Lloro





A Alejandra Pizarnik



Pequeña centinela,
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.
El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.
El que los abre traza las fronteras y permanece a la intemperie.
El que pisa la raya no encuentra su lugar.
Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;
noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro,
y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:
esa perversa tentación,
ese ángel adorable con hocico de cerdo.
¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?
Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín
donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.
Flor cruel, flor vampira,
más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro
y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el umbral.
Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,
abismos hacia adentro.
Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.
Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;
te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;
amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;
te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;
te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos,
como lazos en manos del estrangulador.
¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,
y esos labios exangües sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra!
Y de pronto no hay más.
Se rompieron los frascos.
Se astillaron las luces y los lápices.
Se degarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro
laberinto.
Todas las puertas son para salir.
Ya todo es el revés de los espejos.
Pequeña pasajera,
sola con tu alcancía de visiones
y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:
sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,
sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela en busca de otra,
o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el caos,
o te amedrenta el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.
Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:
en el fondo de todo jardín hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.









Alejandra Pizarnik



    

      
                                                      

Olga Orozco




sábado, mayo 30, 2026

Ya Verás, Hijo Mío



Para mi amado Alejandro





Ya verás que una sonrisa
a menudo esconde mucho dolor.
Ve, hijo mío, ve, ya verás la locura del hombre.
               Cirque Du Soleil













Excusa mi tardanza pero que no te sorprenda.
Tú sabes cómo me entretienen los oficios de la casa
              y sin darme yo cuenta
se acomodó la noche
en el silencio recio del vaivén de astros
que deambulan sobre la montaña negra.


Mi gesto no es triunfal y mi poema no piensa.


Acudo
               sin embargo
a un puñado de letras
para encender tu rostro
y no digo que no:


Yo levanto mis manos a la altura de las sienes
y con los ojos locos
me interrumpo un momento para romper el tiempo.


Porque hay noticias, hijo.
Hace tan sólo un mes para verlos crecer quise plantar pimientos
cultivar una huerta
hacer del destino una casa.


Quise andar la vereda para ejercer el amor
robarme uno a uno los fabulosos ojos
las sonrisas viscosas de los niños más tristes
que imaginé un domingo
estirando sus piernas
para idear conmigo un refugio en un libro en la hierba.


Intenté reencontrar algunas voces de Greene
personajes perdidos en el paisaje
en el cielo
y para poder amar como ellos
sin oponerme a Dios
reorganicé las estancias y dispuse la mesa.


Pero estaba fingiendo.


Todo brota en desorden de mí
desde entonces
el balcón sin persianas que reaviva los verdes
la luna más feroz
las nubes que retoca cada tanto el viento
la noche que nos aclara el miedo.


Todo brota de ti
desde entonces
tu quietud aquel árbol el sendero que tú y yo transitamos
saturados de agua de risa y de miedo
cuando aún no habías muerto y llovía, ¿recuerdas?
que me dejaste atrás con tu mirada osada
y te veías cansado adivinando las flores
para el ritual seguro que antecedía tu noche y los sueños.


Velas rojas decías
para marcar tu tiempo
un reloj de arena junto al nochero un libro
tus recuerdos cubiertos
la ventana por la que atravesaba el frío
tu pirámide rosa el horizonte plano
dispuesto
frente a tus más lúcidos miedos.


Pero hubo otro tiempo:
Me despedí con apremio
hacia el norte en el centro la región del quetzal
el santo Simón en Zunil vestido de negro
y la voz que busqué con afán de mis antepasados muertos.


Lo demás ya lo sabes:


El regreso y el largo lamento
aterrado el amor
con sus manos expertas
tu mujer abrazando tu cuerpo
cuando ya estabas muerto
en El Puno
irrumpió el alarido materno irreal
con sus ojos clavados en tus lejanos huesos
la oración que reemplazó mi beso.


Pero resolvemos enigmas las madres.



Tal cual como tú nos despertamos solas
y andamos a tientas
con las manos gentiles
espantamos la vida y la muerte.


Ahora soy yo la paciente que prepara el café en la mañana
se acomoda el cabello y toca algún libro
para olvidarme de mí
yo aseguro una página
porque algo se aprende:


Las palabras envejecen con todos
ya no hay antes después
y la esperanza espera.


Ayer nada más
cuando mis ojos se hundieron
en los Cuentos de Tokio que tu hermano pensó para mí
comprendí que no hay prisa
que la vida son estáticos trozos regados
un escándalo a veces
que debemos aquietar los anhelos
que el amor nos resume en un solo movimiento solo
si la soledad despega.


Tantas razones para permanecer o irnos, hijo.


Casi olvido decirte que otra muerte común
hoy distrae al planeta.
Son millares los muertos
se abrevian se arrojan los cuerpos
sobre una calle impasible
en un parque
en un basurero
   dispuestos
como si fueran los frutos de las añejas guerras.


Y no existen.
Se entierran sin nombre y los parientes no llegan.


Ningún oficio
que narre
como es la costumbre
sus formas de amar
el dolor
el camino del hombre en la tierra.


El crujir del doblez de un cartón escuchamos
lo sutil de la arena
cuando se mezcla con cal
se esparce con fuerza
mientras se atan los cuerpos
un abrazo forzado
improvisa la nueva fosa común de los pueblos.


La enfermedad del mundo es el mundo, decías.


Y sí.


Los tiranos avanzan los ladrones avanzan los esclavos civiles cautivos
la ignorancia la burla el rencor un concierto de voces
se escucha cuando el hambre se abona en la boca de un niño y no hay tregua.


Pero no todo está mal.
Hay también alimento y hartazgo y trabajo y pereza y no hay duda
hay hogares y seres que viven
más allá de este tiempo y simulan el triunfo y el amor los consuela.


Que el poema no alcanza, es también cierto. Y no importa.
La poesía es desierto:
se esparce y se aferra a un pedazo de letra
y se dice y sucumbe y se acalla
perece.


Vai, vedrai, hijo mío
Vai, vedrai.
Ya no tengo palabras.
Cantaré esta canción
tu canción
eso sí
cuando puedas venir
a mirar cómo crece la huerta.














Tallulah Flores Prieto